Michael Schumacher es capaz de reunir a su alrededor admiraciones y odios en la misma cantidad. Así son los genios. Su manera de domar el Mundial en los últimos años le hizo ganarse muchos enemigos. Cuando no lo hizo y pareció débil, se le tiraron al cuello.
Dieciséis temporadas después, desaparece de una parrilla de F-1. Atrás quedan sus cinco títulos consecutivos con Ferrari y los otros dos con Benneton, y un dominio apabullante. El piloto récord: más victorias, ‘poles’, vueltas rápidas... Sin embargo, también es el profesional de una ética dudosa. El que corrió el mismo día del fallecimiento de su madre; el que chocó intencionadamente contra Hill y Villeneuve, y el que ‘aparcó’ su Ferrari en la Rascasse de Montecarlo.
Sólo Michael conoce las causas de su jubilación. La edad no fue impedimento para que en 2006 luchara hasta la última carrera por el título. Descartado. Tal vez el año sabático de Ross Brawn. Tal vez la inseguridad de Ferrari. Su único pesar es no haber podido añadir en su caso una octava estrella de campeón.
Pero su adiós ha sido parcial. Se ha implicado como nadie en la pretemporada de Ferrari. Oficialmente, ocupa el cargo de consejero. Pero muchos ya lo colocan como el nuevo jefe del equipo de Maranello.
Fuente: El Comercio. |