Aspectos a revisar
19/12/2007
La llegada del invierno modifica todas las circunstancias del tráfico y obliga a los conductores y vehículos a enfrentarse a las situaciones más extremas de circulación de todo el año.
La revisión y adecuación del automóvil a las adversas condiciones climatológicas y la renovación de los conocimientos para tutear desde un volante al frío, la nieve, la lluvia, el hielo o la niebla, son actuaciones imprescindibles para evitar molestias y averías y reducir el riesgo de accidente.
Según un reciente informe del Real Automóvil Club de España, la proporción de muertes por accidente aumenta del 35 por ciento en horario de verano al 55 por ciento en horario de invierno, con el aumento de las horas de oscuridad y las adversas condiciones climatológicas propias de la estación.
La implantación de la moderna tecnología con las ayudas electrónicas a la conducción, tales como los sistemas de frenos antibloqueo (ABS), los bloqueos de diferencial (EBD, etc.) los controles de estabilidad (ESP, DSC; etc.) y los controles de tracción (ASR, TCS, etc.) que ya montan muchos vehículos, han venido a mejorar sustancialmente la seguridad en condiciones invernales extremas. Pero, no son suficientes. Cada circunstancia climatológica exige una respuesta concreta y precisa que hay que conocer con detalle. Si no, lo mejor es dejar el coche en casa.
MANTENIMIENTO BÁSICO 
SUSPENSIÓN Y FRENOS Una suspensión en mal estado aumentan la distancia de frenada y la hacen inestable, desgastan prematuramente los neumáticos, restan precisión a la dirección y dificultad controlar el vehículo en curvas y giros y rebajan el confort de los ocupantes, reduciendo la eficacia de los asistentes electrónicos a la conducción. Todo ello se acentúa exponencialmente cuando circulamos sobre pavimento con baja adherencia, húmedo o nevado. Tienen trampa, pues nos habituamos a su respuesta y al comportamiento del automóvil y no detectamos su deterioro.
La eficacia de los frenos, especialmente durante el invierno, cuya utilización sobre firmes de baja adherencia exige un tacto más fino y progresivo, depende del buen estado de las pastillas o zapatas, de la regulación de la presión sobre el pedal y del buen reparto de la acción de los frenos entre las ruedas.
En general, la revisión del estado de la suspensión debe realizarse en talleres con maquinaría específica cada 20.000 kilómetros:
– Comprobar fugas de líquido o gas de los amortiguadores.
– Sustituir los muelles de la suspensión si pierden la flexibilidad y la presión adecuada.
– Vigilar la acumulación de humedad, agua o hielo en los mecanismos de frenos tras un estacionamiento prolongado en zonas de bajas temperaturas. Las pastillas pueden quedarse pegadas a los discos por efecto del hielo.
– Un líquido de frenos «pasado de fecha» pierde muchas de sus propiedades físicas. Es recomendable sustituirlo cada cierto tiempo, según la indicación del fabricante del vehículo.
SISTEMA ELÉCTRICO Durante el invierno se produce una mayor demanda del consumo eléctrico por la dificultad del arranque en frío, la climatización, el alumbrado y el uso de las escobillas limpiaparabrisas y la luneta térmica, lo que exige un esfuerzo mayor a la batería que sólo responderá si está en óptimas condiciones:
– La revisión de la batería incluye el cableado y el estado de ajuste de los bornes.
– El nivel del electrolito debe ser el mismo en todos los vasos.
– En los motores diésel conviene comprobar el funcionamiento correcto de los calentadores.
– Es aconsejable comprobar el funcionamiento del alternador que alimenta de carga a la batería.
ALUMBRADO A pesar de que el 90 por ciento de los datos que precisa un conductor se perciben a través de la vista, suele darse poca importancia al alumbrado cuando en los meses de mayor circulación nocturna o baja visibilidad se convierte, aún más, en el elemento esencial de una conducción segura. Un dato preocupante: de los 276.000 coches inspeccionados en 2006 en las ITV, el 24,7 por ciento no la superó por defectos graves en el sistema de alumbrado y la señalización, siendo la primera causa de rechazo de la inspección.
– Reglar la altura de los faros para que repartan el haz de luz de manera equilibrada.
– Las lámparas y ópticas van reduciendo su nivel lumínico con el uso. Conviene cambiarlas cada 40.000 kilómetros o cada dos años.
– La sustitución debe realizarse de dos en dos, pues su uso es simétrico. Se deben escoger lámparas de calidad.
– Mantener limpios los faros de barro, nieve o hielo.
– Escoger luces de xenón al adquirir un vehículo nuevo. Su luz es más intensa y amplia, es más parecida a la luz natural y duran más tiempo.
CLIMATIZACIÓN En los meses de invierno, la climatización no sólo tiene la labor de calentar el habitáculo del coche, suprimir la humedad y asegurar el confort de sus ocupantes, también tiene la importante misión de desempañar los cristales con rapidez para mantener la visibilidad. El exceso de calor en el interior del vehículo por la calefacción reduce la resistencia del conductor y puede provocar somnolencia.
Para desempañar los cristales existen tres sistemas: poner el aire acondicionado, conectar la calefacción y el ventilador a la máxima potencia con las ventanillas algo bajadas o pasar por los cristales una patata cortada por la mitad. Durante el invierno conviene activar el aire acondicionado varias veces al mes para el buen mantenimiento del compresor y evitar que se resequen las tuberías y los componentes.
ACEITE Y REFRIGERANTE El sistema de refrigeración de un vehículo se compone de agua con componentes químicos que evitan que ésta se congele en el bloque del motor, por lo que es imprescindible comprobar su estado periódicamente y rellenar o sustituirlo, si es necesario, ya que el tiempo y el uso degradan sus propiedades anticongelantes. Igualmente sucede con los aceites lubricantes, que deben tener las especificaciones apropiadas para invierno. Cuanto más bajo sea el valor (10w, por ejemplo) más fluido será el aceite y mejor se adaptará al frío. Y cuanto más elevado sea el valor (40w) más viscoso será el aceite en caliente para soportar altas temperaturas.
– En general, las pérdidas de agua del sistema de refrigeración deben restituirse con líquido anticongelante.
– Un 60 por ciento de agua y un 40 por ciento de anticongelante suele ser la medida más conveniente.
– Es conveniente verificar el índice de viscosidad del aceite del motor, ya que el frío densifica dicha viscosidad.
CONGELACIÓN A bajas temperaturas, los cierres de las puertas, las ventanillas eléctricas y otros dispositivos del coche pueden congelarse. Existen en el mercado productos alternativos al agua caliente para descongelar las cerraduras o el parabrisas, ya que la brusca diferencia de temperatura, si se utiliza ésta, puede resquebrajar el parabrisas. Las raquetas limpiaparabrisas gastadas dejan marcas sobre los cristales o producen molestos ruidos, con la consiguiente pérdida de visibilidad, tan imprescindible con lluvia o nieve. Un sencillo rascador, que se puede adquirir en tiendas especializadas, puede ser una eficaz herramienta para limpiar el parabrisas y demás cristales.
Si se prefiere un método casero: frotar el parabrisas, por dentro y por fuera, con papel de periódico. El hielo daña las escobillas limpiaparabrisas, que suelen quedar pegadas al cristal. Su accionamiento en este caso puede averiar el motor eléctrico que las impulsa. El depósito de líquido de los limpiaparabrisas no debe llevar sólo agua, porque se puede congelar, así como los conductos. Mejor rellenar con líquidos especiales para cristales.